Aunque ya no son pozos porque, tantas lluvias y los cambios de Marhea (Cuidadora del mar primero al orden de los cetus) han tomado terreno y son un poco más profundos y la superficie ya no es igual. Las piedras parecen laminas de esmeraldas que brillan con el sol, solo que estas no son firmes y solidas. Parecían escurrirse con las olas. Cada vez me concentraba mas en las olas en su baile con las rocas y los arrecifes, la espuma recorriendo la arena y besándola con pasión, ocultando el abismo que se encuentra al otro lado, un baile que parece llegar al cielo tocar las nueves y fundirse en su desierto. Mientras más me concentraba en ellas, mas me sentía a kilómetros de la orilla perdiendo la noción del tiempo allí sumergida entre los terrenos de Marhea. Pude notar que me vigilaban entre cada ola se alzaba una sombra- estúpidos cetuseos- tal vez fue un error haberlos insultados pero cuando me di cuenta era tarde. Las olas se volvían agresivas y me jalaban con verdadero esmero mar a dentro. Si no fuera por Friné Eusebio –o Sebios como prefiero llamarlo- que me arrastro devuelta a mis laureles estuviera ahora haciendo una visita a cetus protector del mar.
Sebios y Arialina movían sus bocas pero no podía escuchar lo que decían solo oía.
Arialina: estas demente o que Elent sabes que aun no puede controlar a esas criaturas.
Sebios: déjala respirar aun esta desvaída por todo
Arialina: desaviada podría estar ahora en la cueva de ese potre… quizás la mirada de Sebios la de tubo o fue mi repentina decisión. Totalmente aislada de su conversación.
Es hora de marcharnos, ya vimos de que es capaz cetus si bajo la guardia por un instante. Deslice mis pies una vez mas entre las aguas para quitar los excesos de arena.
–Yo que tú me alejara de esas rocas o es que piensas volver para ver si cetus te captura.
-Calla por un segundo quieres. Solo voy a mojar mis pies.
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