Por: Audalís J. Flores H.
Una mañana fresca y sin brisa, sentada en una mesa de madera falsa y metal, ubicada al final del pasillo, donde todos pueden y no pueden verme al mismo tiempo, comienzo a escribir, primero una canción, luego un poema sin mucha rima y ahora termino escribiendo sobre un hecho en particular, que sin esfuerzo y mucha inspiración dice así:
Aunque todos pasan a mí alrededor, yo solo puedo pensar en lo que escribo. Me concentro en lo que siento y me dejo llevar por el ritmo de mis pensamientos. Nada excepto tu, logra distraer mi atención. Por eso pienso que todo es tan particular y extraño, porque trato de recordar tus ojos y cerrando los míos, allí están los tuyos, si quiero ver tu sonrisa, cierro mis ojos y allí esta, pienso en el sonido de tu voz y cuando cierro mis ojos, ha mis oídos regresa un vago recuerdo de esa dulce melodía, pero quizás el recuerdo que quiero grabar con mayor interés en mi mente es tu olor, y es el que más me cuesta…
…ummm mi lápiz se detuvo, todo un segundo y se poso parcialmente en el lado derecho de mi mejilla y justo en ese momento despertaron mis sentidos…
Era algo más que el olor de la madera, algo más que el granito, la goma o el metal, era un lápiz perfumado, con tu olor, recordándome ese exquisito aroma, que por las mañanas inunda y atrofia mis sentidos, des controlando mi poca coordinación y exprimiendo hasta la última sonrisa que pueda albergar mi boca. Un lápiz perfumado del cual se enamoro mi sentido, le dio vuelta a mi cabeza y trazo las líneas de escrito.
Segunda versión 29/10. Primera versión: 27/10
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